martes, 3 de marzo de 2015

La decepción es mi rutina.



Levántate, mira el reloj: todavía te quedan un par de horas para intentar dormir. Gira hacia el otro lado, escóndete bajo el edredón, olvida por un momento que eres tú, cierra los ojos y descansa.

Suena "the climb" de fondo, es el despertador, recuerda que no puedes dejarlo estar, tienes que levantarte, el trabajo te espera. Prepárate un café mientras te arreglas, apúralo de un solo trago igual que hiciste con el libro de anoche, saca una vez más esa pastillita sonrisa que te permite no caer y corre hacia el metro.

Observa a la gente que sube y baja tras cada parada, presta atención a sus conversaciones, conecta tus cascos e imagina, durante una hora, que tu vida tiene todo lo que narran esas canciones, imagina que las personas no son malas por naturaleza, imagina que la felicidad no es un concepto abstracto.

Ha llegado tu parada y toca despertar. Empieza tu jornada laboral, enciende tu ordenador y espera que, al menos en las próximas 5 horas, tu mayor problema sea cuadrar ese maldito presupuesto.

La vuelta a casa siempre se hace más llevadera, ya estás despejada y en compañía, la conversación te permite evadirte durante un rato más de tus pensamientos, pero llegas a casa, y el resto del día te espera, ahí, llamando a tu puerta, recordándote que no es tan fácil darle esquinazo. 

No te preocupes, siempre podrás afrontarlo con un buen libro e incluso con una buena serie, cualquiera de las dos opciones es válida, en cualquiera de los dos casos puedes dejarte llevar por la narración de una vida que no te pertenece, vamos como la tuya, pero con una notable diferencia: quien tiene que afrontarla, quién tiene que superarla, no eres tú.

¿Has conseguido llegar hasta la noche? Enhorabuena, ahora sólo tienes que tomarte esa pastilla mágica que te permitirá dormir, y rezar para no pasar otra noche de desvelo, rezar para que durante 8 horas, los problemas vuelvan a ser irreales.

Ahora recuerda, ya es un día menos, ya lo has superado. Limpia esa solitaria lágrima que moja tu almohada, dale un beso a tu atrapasueños, deja de lado por un momento tu ausencia de sentimientos, y  repite tu mantra favorito: "Mañana será mejor".

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