Hay varios tipos de personas en el mundo, y todas, sin excepción buscan su media naranja.
El primer tipo son esas naranjas que hace tiempo que encontraron su mitad, hace tiempo que encontraron esa persona con la que encajar de una forma asimétricamente perfecta. Son tan felices juntos, que... Bueno, que parecen respirar confeti.
Hay un segundo tipo de naranjas, esas naranjas que se sienten suficientemente grandes como para no necesitar a ninguna otra mitad para completarse. Esto no quieren decir que estén destinadas a vivir solas, si no que más que como una parte de ellos, sienten a la otra persona como alguien que camina en la misma dirección, pero, no obstante, podrían seguir solos si el otro decidiera abandonar.
Y para finalizar, destacaremos el abandonado tercer grupo: esas naranjas que se ven a si misma tan podridas, que no creen que exista una mitad que pudiera mejorarlas. En este grupo me encuentro yo, en esas naranjas destinadas a la soledad, a sobrevivir buscando otra igual de marchita que ella, para que, al menos, pueda creerse un poco menos amarga, para que, al menos, su vida pueda parecer una vida.

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