martes, 19 de mayo de 2015

Saltar sin amortiguadores.

Déjate llevar.

Cierra los ojos, disfruta de la música, siéntela. Siente el sudar de la gente, las luces cambiantes, los bajos marcando el ritmo, el retumbar de tus oídos, toma aire, y siente de pronto como tus pies se han despegado del suelo.

Siente el chocar de los cuerpos, los golpes liberadores del escenario en tus piernas, del saltar junto a desconocidos que empujan al son de la música, del soltar los problemas junto a decenas de personas que han venido con el mismo fin: el de sentir.

Y en ese instante olvida tu rutina, olvida el estrés y el agobio, olvida tu insensibilidad, tu apatía y tu impersonalidad. Olvida la falsedad de tu vida, las apariencias, la doble moralidad de las personas.

Olvídate de todo, siéntete libre, siéntete lo que te de la gana, pero, por favor, por una vez, siéntete.